Con cariño y devoción se la recuerda como "nuestra niña santa".
No pocos han dado testimonio de su intercesión en hechos milagrosos.
Patrica Leiva falleció el 23 de agosto de 1987, a los 12 años de edad (foto).
Acaban de cumplirse 32 años de su desaparición, a través de los cuales muchas historias se han contado sobre sus especiales cualidades personales, puestas en evidencia a pesar de su corta vida.
Sus restos descansan en el Cementerio de Chivilcoy, en un mausoleo especialmente construido, donde infinidad de placas recordatorias dan testimonio de agradecimiento hacia la niña.
La historia de Patricia
Esta es la historia de Patricia Leiva, según la semblanza de Carlos Armando Costanzo:
El 23 de agosto de 1987, se registró la prematura desaparición física, a la tierna edad, de 12 años, de la niña Patricia Leiva, una especial criatura, de particular inclinación cristiana y religiosa, un espíritu místico y profundos sentimientos evangélicos.
De un modo claro y espontáneo, hubo de convertirse en objeto de una sincera devoción popular, por parte de un apreciable núcleo de fieles, de nuestra comunidad chivilcoyana.
Nació el 3 de enero de 1975, bajo el hogar de Juan Carlos Leiva y Carmen Ponce.
Nélida Patricia Leiva –tales sus nombres completos- transcurrió una infancia, totalmente normal, hasta los seis años, en un clima de regocijo, candor y plena inocencia.
A fines de 1981, una grave e implacable afección se ensañó, de una manera cruel, con su frágil organismo y, tras conocerse, el severo diagnóstico médico, con la asistencia permanente, de los doctores. José María Caprara, Edgardo Praglia y Luis Eduardo Blanco, hubo de comenzar un riguroso y estricto tratamiento.
La terapia química, que le aplicaron, detuvo y revirtió, en buena medida, el peligroso avance del mal y de dicha dolencia.
Sin embargo, la potencia y agresividad de las drogas suministradas, le originó una lesión de índole cardíaca que, finalmente, se tornó irreversible.
A raíz de ello, Patricia Leiva, sufrió distintas internaciones, en nuestra ciudad y en complejos centros de salud, de Buenos Aires.
Experimentó un progresivo deterioro de su estado orgánico y falleció en Chivilcoy, el domingo 23 de agosto de 1987.
Durante el triste y penoso período de su enfermedad, sobrellevó sus diferentes padecimientos, con una honda fe y una ejemplar y admirable entereza, elevando a Dios, sus conmovedoras plegarias, que rogaban por los niños indigentes y desvalidos, los presidiarios, los discapacitados y las dolorosas víctimas de la pobreza, las injusticias y el negro pecado.
Su actitud, ciertamente, hubo de asombrar a sus progenitores, los amigos de la familia, los vecinos y hasta al entonces obispo de la Diócesis de Mercedes–Luján, monseñor Emilio Ogñenovich, quien escribió y le dedicó una cálida y dulce oración, que se imprimió, posteriormente, en una estampa recordatoria.
Los restos de la niña Patricia Leiva, reposan en el cementerio de nuestra ciudad, en el interior de un mausoleo, al que acuden y se acercan, en forma diaria, numerosas personas.
Fue inaugurado el 5 de abril de 1998 y declarado de Interés Municipal, mediante un decreto del intendente Ariel Franetovich, el 12 de diciembre de 2007.
El 18 de diciembre de 2005, dando cumplimiento a la ordenanza 5816 que sancionó el Honorable Concejo Deliberante, se le impuso el nombre de Patricia Leiva a la calle 15.
El 27 de agosto de 2004, en las instalaciones del Centro José Manuel Estrada de la parroquia San Pedro, los padres de Patricia, Juan Carlos Leiva y Carmen Ponce, fundadores y propulsores del grupo de auto-ayuda Resurrección, abierto hacia todos los que viven un duelo, a raíz de la muerte de un hijo, presentaron el volumen titulado: "De la mano de Patricia", un libro en el que testimoniaron y volcaron, sus vivencia e inquietudes personales, sus nobles propósitos de auxilio al prójimo atribulado y sus mejores y más expresivos deseos y esperanzas, de una azul y bienaventurada vida eterna.
En manos del Papa
El caso de la niña Patricia Leiva llegó hace unos años a la Santa Sede, en Ciudad del Vaticano.
Documentos que narran su historia de vida y hechos calificados de milagrosos, luego de su muerte, le fueron enviados al Papa Francisco, para su conocimiento y evaluación.