¿QUIÉN PAGA POR LA TRAVESURA?

Por Joaquín Valerio.
Hace unos días, un llamado telefónico recibido en la Central de Emergencias 911, alertó sobre la presencia de un artefacto explosivo en la Escuela Secundaria 4 (ex Escuela Comercial) de Chivilcoy, ubicada en avenida De Tomaso y Tres de Febrero. La advertencia fue hecha por una voz femenina.
Inmediatamente se movilizaron hacia el lugar policías, bomberos voluntarios, peritos en explosivos -que debieron venir de la ciudad de Mercedes- servicios asistenciales y todo cuanto indica el protocolo de seguridad para este tipo de situaciones, que no son nuevas en Chivilcoy.
Se evacuó el edificio para proteger a la población estudiantil, mientras el pánico, el temor y la incertidumbre, se iban adueñando de los eventuales e involuntarios protagonistas: alumnos, docentes, personal auxiliar y, naturalmente, los vecinos de la zona en la cual está ubicado el establecimiento educativo.
Luego de semejante movilización, se logró establecer que el llamado había sido realizado por una alumna de 13 años de edad, que asiste a la propia escuela.
A la menor -precoz aprendiz de amedrentadora- se le secuestró el teléfono con el que llevó a cabo la acción, que es un delito, más allá de que su autora sea inimputable por ser menor de edad. De todas formas, se cumplieron los recaudos legales y la joven fue entregada a su progenitora.
La “travesura” demandó el trabajo de muchas personas; la movilización de bienes, equipos, unidades móviles, personal especializado. Hubo servidores públicos -como los Bomberos Voluntarios- que debieron dejar sus diarias responsabilidades, para enfrentar esa eventualidad. Se gastó dinero, mucha plata -que es de todos- se alertó a la población y se pusieron en riesgo diversos factores que hacen al normal desenvolvimiento de la comunidad.
¿Quién paga los gastos de la “travesura” llevada adelante por una chica de 13 años, con evidentes problemas de conducta?
¿Cuál es la responsabilidad que le compete a los padres?
¿Qué medidas sancionatorias dispuso la escuela para con la alumna?
¿Sus padres, harán trabajos comunitarios para reparar el perjuicio?
Oficialmente, nadie informó quién y cómo compensará a la sociedad chivilcoyana por los daños ocasionados.
La respuesta es simple y fácil: parece que aquí no ha pasado nada.
Vivimos en una sociedad que va perdiendo los límites; dejando que los pésimos ejemplos se multipliquen.
Seguramente, no faltará quien alce la voz en nombre de la adolescente y diga: “Ahora debemos ocuparnos de ella”. Perfecto..!!!
¿Y quién se ocupará de los cientos de buenos y responsables alumnos de la Escuela Secundaria 4, que actúan correctamente y, al igual que sus docentes, personal auxiliar y vecinos han sido víctimas, por el sólo hecho de ser molestados en su merecida tranquilidad?
Los adolescentes, repiten o no una conducta en función de sus consecuencias.
La sanción, cuando alguien se equivoca, es un sistema que contribuye a adquirir el hábito de comportarse correctamente.
Debemos aprender a aplicar las sanciones que cada caso amerite. Es el único camino para ser una comunidad en crecimiento, con futuro, digna, responsable y que se pueda enorgullecer de los chicos de hoy, que mañana serán hombres y mujeres que nos deberán conducir inequívocamente, por donde corresponde.
Hay que aprender a hacerse cargo y reparar por las “travesuras”. Para que no se repitan. Para sembrar con el ejemplo. Para saber diferenciar a los buenos de los malos, porque no todos somos iguales y eso debe notarse siempre. No es lo mismo un burro que un gran profesor (Discépolo).
No merecemos ser una sociedad de mediocres hipócritas condenados al fracaso; pero mientras no podamos revertir ese destino con buenos ejemplos, ese será el final que nos espera.
Muchos integrantes de la comunidad chivilcoyana demandamos, reclamamos y exigimos una respuesta: ¿Quién paga por la travesura?

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